¿A quién escuchar?


>> Lecturas

1. Gén 15,5-12.17-18: Dios sale de su cielo para hacer salir a Abraham de su tierra. Dios y Abraham, amigos para siempre.
2. Filp. 3,17-4,1: Para nosotros la promesa más importante es el cielo.
3. Lc. 9,28-36: El Tabor, más que promesa, es anticipo de gloria. Los discípulos predilectos de Jesús tocaron el cielo con sus manos.

>> LECTIO DIVINA (VIERNES 19:30)

>> Hoja Litúrgica

>> Audio Homilía

Reflexión:

La escena es considerada tradicionalmente como «la transfiguración de Jesús». No es posible reconstruir con certeza la experiencia que dio origen a este sorprendente relato. Sólo sabemos que los evangelistas le dan gran importancia pues, según su relato, es una experiencia que deja entrever algo de la verdadera identidad de Jesús.

En un primer momento, el relato destaca la transformación de su rostro y, aunque vienen a conversar con el Moisés, y Elías, tal vez como representantes de la ley y los profetas respectivamente, sólo el rostro de Jesús permanece transfigu­rado y resplandeciente en el centro de la escena.

Al parecer, los discípulos no captan el contenido profundo de lo que están viviendo, pues Pedro dice a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, Otra para Moisés y otra para Elías». Coloca a Jesús en el  mismo plano y al mismo nivel que a los dos grandes personajes bíblicos. A cada uno su tienda. Jesús no ocupa todavía un lugar central y absoluto en su corazón.

La voz de Dios le va a corregir, revelando la verdadera identidad de Jesús:Este es mi Hijo, el escogido”, el que tiene el rostro transfigurado. No ha de ser confundido con los de Moisés o Elías, que están apagados. «Escuchadle a el». A nadie más. Su Palabra es la única decisiva. Las demás nos han de llevar hasta él

Es urgente recuperar en la Iglesia actual la importancia decisiva que tuvo en sus comienzos la experiencia de escu­char en el seno de las comunidades cristianas el relato de Jesús recogido en los evangelios. Estos cuatro escritos consti­tuyen para los cristianos una obra única que no hemos de equiparar al resto de los libros bíblicos.

Hay algo que sólo en ellos podemos encontrar: el impac­to causado por Jesús a los primeros que se sintieron atraídos por é1 y le siguieron. Los evangelios no son libros didácticos que exponen doctrina académica sobre Jesús. Tampoco biografías redactadas para informar con detalle sobre su trayec­toria histórica. Son «relatos de conversión» que invitan al cambio, al seguimiento a Jesús y a la identificación con su proyecto. Por eso piden ser escuchados en actitud de conversión. Y en esa actitud han de ser leídos, predicados, meditados y guar­dados en el corazón de cada creyente y de cada comunidad. Una comunidad cristiana que sabe escuchar cada domingo el relato evangélico de Jesús en actitud de conversión, comien­za a transformarse. No tiene la Iglesia un potencial más vigo­roso de renovación que el que se encierra en estos cuatro pequeños libros.