Volver a Jesús

Hch. 13,14.43-52. En el primer viaje misionero de Pablo Y Bernabé hay rupturas y aperturas.
Ap. 7,9.14-17. Jesús lavará las lágrimas de los ojos de los perseguidos.
Jn.10, 27-30. Las cualidades del buen pastor son: conocer y amar a sus ovejas. Las virtudes de las buenas ovejas son: conocer, escuchar y seguir a su pastor.

Preparación Lectio Divina – Viernes 19 a las 19:30

Hoja litúrgica

Audio Homilía

Reflexión:

La escena es tensa y conflictiva. Jesús esta paseando dentro del recinto del temple. De pronto, un grupo de judíos lo rodea acosándolo con aire amenazador. Jesús no se intimida, sino que les reprocha abiertamente su falta de fe: «Vosotros no creéis porque no sois ovejas mías». El evangelista dice que, al terminar de hablar, los judíos tomaron piedras para apedrearlo.

Para probar que no son ovejas suyas, sólo subraya dos rasgos, los más esenciales e imprescindibles: “Mis ovejas escuchan mi voz… y me siguen”. Después de veinte siglos, los cristianos necesitamos recordar de nuevo que lo esencial para ser la Iglesia de Jesús es escuchar su voz y seguir sus pasos.

Lo primero es despertar la capacidad de escuchar a Jesús. Desarrollar mucho más en nuestras comunidades esa sensibilidad de conocer la Palabra que viene de Jesús en toda su frescura y sintonizar con su Buena Noticia de Dios. Juan XXIII dijo en una ocasión que «la Iglesia es como una vieja fuente de pueblo de cuyo grifo ha de correr siempre agua fresca». En esta Iglesia vieja de veinte siglos hemos de hacer correr el agua fresca de Jesús. Hay que volver a Jesús

Si no queremos que nuestra fe se vaya diluyendo progresivamente en formas decadentes de religiosidad superficial, hemos de aprender a poner en el centro de nuestras comunidades la Palabra viva, concreta e inconfundible de Jesús, nuestro único Señor.

Pero no basta escuchar su voz. Es necesario seguir a Jesús. Ha llegado el momento de decidimos entre contentamos con una «religión burguesa» que tranquiliza las conciencias pero ahoga nuestra alegría, o aprender a vivir la fe cristiana como una aventura apasionante de seguir a Jesús.

La aventura consiste en creer lo que él creyó, dar importancia a lo que él dio, defender la causa del ser humano como ella defendió, acercamos a los indefensos y desvalidos como él se acercó, ser libres para hacer el bien como él, confiar en el Padre como el confió y enfrentamos a la vida y a la muerte con la esperanza con que él se enfrentó.

Es más fácil alcanzar la vida eterna que explicarla. Porque el camino hacia ella está ya señalizado: ESCUCHAR AL BUEN PASTOR Y SEGUIRLE.