OK Quedarse con lo esencial – Homilía domingo 29 de Octubre de 2017 – XXXº del Tiempo Ordinario | Parroquia Padre Nuestro

  1. Ex. 22,2026. Si explotáis a viudas y huérfanos se encenderá mi ira.
  2. I Tes. 1,5-10. Os convertisteis abandonando los ídolos.
  3. Mt. 22,34-40. Amarás al señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

 

 

>>Hoja litúrgica<<

>>Lectio divina<<

>>La espiritualidad autorreferencial<<

 

Reflexión:

  • Cuando olvidan lo esencial, fácilmente se adentran las religiones por caminos de mediocridad piadosa o de casuística moral, que no solo incapacitan para una relación sana con Dios, sino que pueden desfigurar y destruir gravemente a las personas. Ninguna religión escapa a este riesgo.
  • La escena que se narra en los evangelios tiene como trasfondo una atmósfera religiosa en que maestros religiosos y letrados clasifican cientos de mandatos de la Ley divina en “fáciles” y “difíciles”,  “graves” y  “leves”, “pequeños” y “grandes”. Imposible moverse con un corazón sano en esta red. La pregunta que plantean a Jesús busca recuperar lo esencial, descubrir el espíritu perdido: ¿Cuál es el mandamiento principal?, ¿qué es lo esencial?, ¿dónde está el núcleo de todo? La respuesta de Jesús, como la de Hillel y otros muchos judíos recoge la fe básica de Israel: “amarás al señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”
  • Que nadie piense que se está hablando aquí de emociones o sentimientos hacia un Ser Imaginario, ni de invitaciones a rezos y devociones. “amar a Dios con todo el corazón” es reconocer humildemente el misterio último de la vida; orientar confiadamente la existencia de acuerdo con su voluntad: amar a Dios como fuerza creadora y salvadora, que es buena y nos quiere bien.
  • Todo esto marca decisivamente la vida pues significa alabar la existencia desde su raíz; tomar parte en la vida con gratitud; optar siempre por lo bueno y lo bello; vivir con corazón de carne y no de piedra; resistirnos a todo lo que traiciona las voluntad de Dios negando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas.
  • Por eso el amor a Dios es inseparable del amor a los hermanos. Así lo recuerda Jesús: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No es posible el amor real a Dios sin descubrir el sufrimiento de sus hijos e hijas. ¿Qué religión sería a aquella en la que el hambre de los desnutridos o el exceso de satisfechos no planteara  pregunta a los creyentes? No están descaminados quienes resumen la religión de Jesús como “pasión por Dios y compasión por la humanidad”

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