OK ¿Dónde estás? Aquí estoy, Señor – Viernes 8 de diciembre de 2017 – Fiesta de la Inmaculada | Parroquia Padre Nuestro

  1. Gén. 3,9-15.20. Establezco hostilidad entre tu estirpe y la de la mujer.
  2. Rf. 1,3-6.11-12. Nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo.
  3. Lc. 1,26-38. Alégrate, llena de gracia. El Señor está contigo.

 

 

>>Hoja litúrgica<<

>>El Sí de María cammbio la Historia<<

 

Reflexión:                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

  • ¿Qué papel jugó entonces María, una mujer como nosotros, pero al mismo tiempo Madre de este Hombre singular? ¿Qué significa eso de la Inmaculada Concepción y, sobre todo, en qué puede afectarnos a nuestra vida?
  • Bien mirado, lo que ocurrió con ella no es una excepción sino la verdadera “regla” que Dios pensó para todos nosotros cuando nos creó. Pues salimos de sus manos y por tanto, lo nuestro es la bondad. Por eso, al contrario de lo que podemos pensar, esto de la concepción inmaculada convierte a María en una criatura aún más humana puesto que el pecado, ni es de Dios, ni está inscrito en nuestra naturaleza
  • La primera lectura asegura que, a pesar de esa bondad original el ser humano no siempre elige en conformidad con los deseos de su Creador, ni con lo que él mismo es. Y empieza el pecado y las disculpas…
  • El inicio del himno de Efesios de la segunda lectura resuena como un “pregón” de la salvación en el que recordamos que ese pecado en el que nos enredamos no es elección de Dios; al contrario. Su sueño era otro: hacernos sus hijos como lo es el Hijo. El mal es una adherencia, un auténtico   “pegote”, que interfiere en nuestra relación con Él y que nos impide recibir a manos llenas su mayor bendición. Por eso apareció María.
  • Con María, Dios volvió a ‘abrir hueco’ a la salvación que Él tanto deseaba. Solo necesitaba una criatura, al menos una, que permitiera al Hijo asumir la humanidad en toda su nobleza primera. Por eso y para eso Dios volvió a arriesgar creando una mujer libre de las interferencias del pecado; y el mérito de María fue corresponder a la gracia recibida. Porque María no asintió por no tener otra opción, sino porque quiso. Ella representa a ese ser humano salido directamente de las manos del Padre “en estado puro”, pero en su caso con “final feliz” ya que decidió con libertad asentir a lo que el Señor le pedía. San Anselmo lo formuló con precisión: “Dios es el Padre a quien se debe la constitución del mundo, y María es la madre a quien se debe su restauración”.
  • En María el Señor en lugar de desechar el mundo que cualquiera hubiera dado por perdido, Él buscó la “pieza” que puso de nuevo en marcha todo lo necesario para que recibiéramos la mayor bendición: la humanidad de Jesucristo a través de una mujer en la que el pecado no había dejado huella. Porque precisamente, para hacerse realmente humano, esa era la mejor opción.

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