1. Is. 9.2-7. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande.
  2. Tit. 2,11-14. El Señor nos enseña a renunciar a la vida sin religión.
  3. Lc. 2,1-14. Encontrareis a un niño envuelto en pañales.

 

Reflexión:

 

  • Al Evangelista Lucas lo que lo que le preocupa es insertar en la historia de los hombres un acontecimiento igualmente histórico que acabaría por determinar la historia de la humanidad. El nacimiento de Jesucristo no es algo irreal, ni abstracto, sino que se enmarcó en tiempos del emperador Augusto, siendo Cirino gobernador de la provincia romana de Siria.
  • La historia de Israel. Pero no solo Jesús nace en las coordenadas concretas del Imperio romano, sino también de la Historia de su propio pueblo, el pueblo de Israel. Por eso el episodio del censo. José, el padre según la carne de Jesús, era de la ciudad de David y por eso tuvo que subir desde Nazaret a Belén para censarse. La ciudad de Belén y la figura del rey David nos adentran en el pasado más glorioso de Israel y nos recuerdan esa promesa que Dios prometió al rey David a través del profeta Natán. Mil años después esta palabra de Dios iba a cobrar un sentido nuevo y definitivo en un humilde pesebre de la ciudad de Belén.
  • Lo más grande dicho de la forma más sencilla. Este acontecimiento que cambió la historia de la humanidad Lucas lo describe casi telegráficamente: «le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito». Ya está, ya ha nacido Dios. Se entretiene más Lucas en contarnos el anuncio a los pastores y la reacción de estos que en el mismo momento del nacimiento. De nuevo, lo más grande dicho de la forma más sencilla; Dios siempre busca el camino de la humildad. Ahora el foco está puesto en lo que supone el nacimiento de este niño.
  • Ha nacido el Salvador. El anuncio de este nacimiento extraordinario no se produce en el palacio de Herodes. Sino al raso, al aire libre y a unos sencillos pastores. El ángel es claro en su anuncio: ya no hay lugar al temor, solo a la alegría porque nos ha nacido el Salvador. Este Mesías es un niño que acaba de nacer pero que en nombre de Dios instaurará una paz sin límites. Nosotros, esta noche podemos sumarnos a la alabanza de los ángeles: «Gracias Padre Dios por el regalo inmenso que nos has hecho con el nacimiento de tu Hijo. La esperanza ha nacido para nosotros. Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

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