1. Is. 52,7-10. El Hijo único, Dios, nos ha dado a conocer a Dios.
  2. Hbr. 1,1-6Dios nos ha hablado por el Hijo.
  3. Jn. 1,1-18. ¿Es natural que Dios se haga uno de nosotros?

 

Reflexión:

 

  • ¡Feliz Navidad! porque en Navidad celebramos la memoria agradecida de un Dios que no es como los dioses paganos, que tienen boca pero no hablan, ojos pero no ven, oídos pero no oyen. Nuestro Dios es un Dios que tiene ojos para ver, oídos para escuchar y boca para hablar. Y de su boca salió una Palabra capaz de crear el mundo y el hombre; una Palabra viva y eficaz que sirvió de guía al Pueblo de la Promesa; una Palabra que desafió a un mundo lleno de “banas palabrerías” y que no se paraba a distinguir “las palabras de los ecos”; una Palabra  que se metió en la Historia y se quedó a vivir con la Humanidad para que esa Palabra configurara el sentido de la vida. Tenemos motivos suficientes para estar gozosos y felices porque, por medio de Ella, fuimos salvados.
  • ¡Feliz Navidad! porque en Navidad sentimos que esa palabra nos pertenece porque nos ha sido regalada. Decía Montaigne que “Toda palabra es mitad de quien la pronuncia y mitad de quien la escucha”. Por eso, la Palabra hecha carne en Jesucristo se hace también carne en quien la escucha, la acepta y hace de ella una palabra de sentido en su vida. Es una Palabra que aparece ante nosotros como una Luz inmensa, como un fuego vivo que, como toda luz y todo fuego, es capaz de iluminar, pero también de quemar y también de caldear. Vivamos y ofrezcamos al mundo esta Palabra como una propuesta capaz de iluminar sus oscuridades y sus tinieblas. Seamos heraldos y pregoneros de esta palabra que derrama ternura en los corazones fríos y yermos. Es una Palabra que hoy puede sacar al mundo del laberinto en el que lo han metido quienes prefieren las tinieblas a la luz. Es una palabra que también llega a quemar nuestra vieja y caduca forma de pensar; quema nuestros egoísmos, nuestras falsedades, nuestras envidias y nuestros rencores. Es una palabra que, como fuego, quema y arrasa todo lo que envilece al hombre. Y también es capaz de generar nuevos espacios para la fraternidad y la solidaridad; capaz de recrear un mundo nuevo.
  • ¡Feliz Navidad! Si esa Palabra que hoy celebramos no llegamos a traducirla en obras de “amor y justicia”, seguirá siendo una Palabra misteriosa y alejada, una Palabra que solo sirva como excusa para que se celebren unas fiestas estos días en las que las carcajadas de los ricos ahoguen los gritos y lamentos de los pobres.
  • ¡Feliz Navidad! y que esa felicidad sepamos vivirla desde las entrañas misericordiosas del Hijo de Dios que se hizo hombre para que los hombres volviéramos a ser hijos de Dios.

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