1. II Sam. 7,1-5.8-11.16. El Dios de David tiene alma de campista.
  2. Rom. 16,25-27. Dos ha abierto el mensaje de Jesús a todos.
  3. Lc. 1,26-38. Alégrate. No temas.

 

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Reflexión

  • La esperanza de los pequeños. El ángel entró en casa de María. El primer anuncio de la gracia en el Evangelio se lleva a cabo en la normalidad, en lo cotidiano. La casa es un espacio de intimidad y acogida, simboliza también ese lugar adentro, profundo, interior. El rey David quería construir una casa para Dios, y descubrirá que es el mismo Dios quien quiere ir construyendo su morada en nosotros.
  • Dentro de la casa, el ángel la acaricia, no le dice quién es Dios sino que está con ella. Poder escuchar en cada situación: «Estoy contigo». María vive lo que nos está ofrecido a cada uno. En la pequeñez y la impotencia humana, Dios nos visita. Para descubrirlo encarnándose hoy, no miremos hacia arriba, hacia lo que brilla en nuestro mundo, hacia los que cuentan y se valoran públicamente. Miremos hacia abajo, hacia los que apenas se hacen notar, hacia los pobres y pequeños, ahí está Dios gestándose en silencio. Esos son los lugares de esperanza para nosotros.
  • Consentir al sueño de Dios. Dios tiene un sueño con la humanidad. El roce del ángel es «Alégrate…No temas». El saludo revela a María que Dios la sueña liberada de temores. Necesitamos escuchar el imperativo de la vida: «No temas». María comparte nuestra incertidumbre cuando pregunta: « ¿Cómo va a ser esto?». En medio de la inquietud, ella emprende una vida de aceptación y de confianza en Alguien mayor. Hay un tiempo para hacernos preguntas, para dudar, para turbarnos…, y una vez expuesto esto, hay algo más profundo que se nos propone: déjate hacer.
  • El ángel le revela que Dios la sueña alegre, la sueña desplegada. ¿Podemos gustar nuestra vida diaria como respuesta a este sueño de Dios? No nos descuidemos en dar gracias por todo lo que se nos regala cada día. Dar gracias porque el «sí» primero es siempre suyo.
  • Un «sí» que engendra vida. La segunda palabra del ángel es «Dios te ha agraciado, Dios está enamorado de ti…». María no está llena de gracia porque ha respondido «sí» a Dios, sino porque Dios le ha dado antes su «sí», gratuitamente. Es Él quien toma la iniciativa y a nosotros nos toca alegrarnos por su amor sorprendente. Cada vez que Dios se acerca a nosotros es para volvernos personas fecundas. ¿Cómo es hoy el «sí» que Dios me pide? Y así como Dios necesitó el permiso de María para hacerse concreto en Jesús, hoy necesita también nuestro consentimiento, nuestro «hágase», para seguir alumbrando su entrañable misericordia desde lo humilde del mundo.

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