1. Is. 60,1-6. La gloria del Señor amanece sobre ti.
  2. Ef. 3,2-3.5-6. Ahora ha sido revelado a los gentiles.
  3. Mt. 2,1-12. Venimos a adorar al Rey.

 

 

Reflexión:

  • En la fiesta de la Epifanía celebramos la manifestación, la presencia de Dios en la persona de Jesús. Es la fiesta de la luz que se hizo presente en Cristo. El texto del evangelista Mateo está lleno de simbolismo. Uno de estos símbolos es la  estrella. El esfuerzo que se nos pide es ponerse en actitud de búsqueda, ponerse en camino. Hay muchas personas que están en camino, que tienen una actitud de búsqueda. Ellos también nos facilitan el camino. Un camino que, casi con seguridad, nos dará sorpresas. El mismo relato evangélico está lleno de ellas. Por ejemplo, Mateo, que escribe para cristianos de origen judío, describe a unos magos por el buen camino, de origen no judío, y a Herodes, judío y representan te de Israel, que no reconoce la estrella, como tampoco la reconocen los sumos pontífices, ni sacerdotes, ni letrados.
  • Vivir es siempre seguir el camino, la estrella. Nuestra fe no es estática, inmóvil: siempre está en camino. Jesús nos cambia el sentido de nuestra vida y nos invita a seguir su camino. Nos dice: ven y sígueme.
  • La fiesta de la Epifanía es la manifestación de Dios a todos los hombres. También el corazón del hombre está invitado a recibir esa luz. ¡Dios vive en medio de nosotros, está entre nosotros! ¡Levantemos la vista, es hora de ponerse en movimiento!
  • La Epifanía es una fiesta que a veces «se nos pierde» con el sumidero de los Reyes Magos. El protagonista es el que se manifiesta, y los agraciados aquellos a los que se manifiesta. Este es su gran regalo: darse a conocer, ser de verdad el Emmanuel.
  • Corremos  el  riesgo de «infantilizar» la fiesta. Es verdad que no podemos perder de vista esa realidad mágica, de ilusión de los niños, pero la fiesta es mucho más profunda.
  • Teilhard de Chardin manifestó repetidas veces su deseo de que la solemnidad hoy celebrada cambiara de nombre, o al menos de prefijo. Esta solemnidad debería denominarse “diafanía” en lugar de “epifanía”. Porque se trata más bien de una misteriosa y silenciosa “diafanía” mediante la que Cristo alumbra el verdadero fondo de todo ser.
  • El encuentro con el Señor, nos invita a volver a nuestra tierra por otro camino. Volver por otro camino es descubrir aquellos aspectos de nuestra vida que deben cambiar, que deben ser iluminados por  Jesucristo.

 

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