Supongo que, a estas alturas de la vida, nadie se escandalizará si lee que Adán y Eva no son personajes históricos, es decir, que nunca han existido. Claro que a renglón seguido hay que decir que no han existido nunca porque existen siempre, es decir, han existido, existen y existirán. De hecho, nosotros mismos somos ellos.
Gran parte del problema reside en que Adán y Eva son personajes bíblicos y, para muchos, eso significa que tienen que tener un nivel de verdad absoluto. Y una verdad que pasa, naturalmente, por lo histórico, porque lo histórico –lo sucedido indudablemente- es la norma de lo verdadero (este es el criterio con el que vemos la realidad cuando lo hacemos a través de los medios de comunicación).
Ahora bien, si nos fijamos en los textos tal como aparecen, veremos que lo histórico tiene poca cabida en ellos (por no decir ninguna). Aunque nadie estaba allí para contemplarlo, el texto del Gn 1 presenta una creación que sale solemne de los labios de Dios durante seis días. En esa creación, el ser humano es constituido al final de todo el proceso, como la obra más importante. Sólo hay que fijarse en que es la única realidad creada “a imagen y semejanza” de Dios”. Y la única que recibe un “mandato” o un encargo en el que se le dice que dominará al resto de criaturas: “Llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra” (Gn 1,28).
El texto de Gn 2 tampoco es más verosímil desde el punto de vista histórico: un ser humano formado por las propias manos divinas del polvo del suelo, que recibe un soplido en la nariz y así es convertido en un “ser vivo”. Por otra parte, los animales también son modelados de barro –en este caso, después del ser humano-, pero sin compartir el aliento de Dios (y, sin embargo, nadie diría que no estén vivos). Todo ello nos está indicando claramente que la vida de la que se está hablando es de un orden distinto que el de pura vida física.
Así pues, es evidente que el tono de estos relatos no es el histórico, y que la verdad que encierran no puede reducirse a lo simplemente sucedido.
Hecha esta reflexión como preámbulo, es importante señalar aquellas ideas y opiniones que en nuestra sociedad se consideran “políticamente incorrectas”, para que, en la enorme confusión que hoy existe en temas capitales, cada uno sepa a qué atenerse:
¿Cómo es presentado el ser humano en estos textos? Aquí hay que distinguir entre Gn 1 y Gn 2. En el primer relato, hombre y mujer son creados a la vez, con la única distinción que se deriva de su diferenciación sexual. El texto dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó” (Gn 1,27). En hebreo se lee así: “Y creó Dios al ‘adam (…)zaqar y negebah los creó”. Zaqar y negebah significan literalmente “macho” y “hembra” (que, con buen criterio, en la traducción se vierte como “hombre” y “mujer”, porque, hablando del género humano, , los machos son varones, y las hembras, mujeres). Así pues, ‘adam es un término genérico que designa al ser humano. De hecho, la etimología relaciona ‘adamcon ‘adamah, que es la tierra. Es decir, ‘adam sería algo así como el “terráqueo”, el “paisano” (o sea, el habitante del “país”. Algo parecido se encuentra en el término “humano”, que es el que procede del “humus”, es decir, del suelo.
En el texto de Gn 2, en cambio, el ‘adam es primeramente varón (aunque él sólo tendrá conciencia de ello realmente cuando tenga delante a la mujer). Cuando el ‘adam despierta tras la famosa intervención en la que Dios le toma una costilla y forma con ella una mujer, el hombre exclama: “¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será “mujer” porque ha salido del varón!” (gn2,23). En hebreo se lee así: “(…) su nombre será issah, porque ha salido del ‘is. Como se ve, la traducción no puede hacer justicia al texto original, que juega con el parecido entre issah e ‘is, semejante al que encontramos, por ejemplo, entre los términos “gata” y “gato”. “Is e issah son las palabras que se emplean para denominar al “hombre” y a la “mujer” o al “marido” y a la “esposa”
Una curiosidad léxica: en hebreo Is e issah se escriben con alguna diferencia. ‘Is contiene una letra que falta en issah, y a issah le sucede lo mismo con respecto a ‘is. Andando el tiempo, los rabinos reflexionaron sobre el asunto y descubrieron lo siguiente: con las letras que faltan en ambos términos se puede escr4ibir la palabra yah, que es el comienzo y el apócope del nombre divino Yahvé.
Casualidad o no, es una hermosa forma de descubrir que el hombre y la mujer solo pueden estar completos si Dios está con ellos, o que únicamente los dos sexos juntos –no el uno sin el otro- son representación cabal de la imagen divina.

 

Pedro Barrado.
Director de la Escuela San Juan XXIII
De las Hermandades del Trabajo.

Related Post