Revista diálogo, Familila y colegio
Curso 2016-2017

NADA ORIGINAL

He entrado en internet y he puesto en el buscador la palabra: Despierta.
Al invitarme para filtrar la búsqueda, he hecho click en el epígrafe “libros” y
han aparecido más de quince que llevan en alguna parte de sus títulos la
palabra “Despierta”. Al menos uno de ellos, el de Anthony De Mello:
“Despierta. Peligros y posibilidades de la realidad”, recuerdo haberlo leído
hace casi veinte años. Desde entonces, y mucho antes, cuánta bibilografía
invitándonos a despertar, a estar atentos, a mirar con otros ojos la realidad
que somos, la de fuera y la de dentro.
¿Así seguimos?
Muchos duermen. En la misma tradición judeocristiana, en la Bibllia, se
refleja la confusión entre la muerte y el sueño. Así se describe en el
Evangelio de Marcos cuando Jesús y Jairo, jefe de sinagoga, reciben la
noticia de la muerte de la hija de éste. Jesús, no haciendo caso de la
información, al llegar a la casa de Jairo, entró y les dijo: “-¿Qué alboroto y
qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida” (Mc. 5, 39). “La
cogió de la mano y le dijo:-Talitha, qum(que significa: Escúchame tú,
chiquilla, ponte en pie)” (Mc. 5, 41).
Despierta, escucha, ponte en pie.

 

VIVIR DESPIERTOS

La vida, escribe Joan Garriga (“Vivir en el alma”), es el viaje heroico del
alma.

Vivir despiertos pide tres pasos:

  1. Reconocer nuestras heridas para sanarlas y cuidarlas, lo contrario de
    justificarse. La vida es sufrimiento si vivimos desde ellas porque nos
    interrumpe el sentido de nuestra vida: amar y dejarse amar. Nada es
    suficiente, se experimenta la soledad cuando más necesitamos compañía,
    ningún terreno es bastante seguro para avanzar en él y se siente ahogo
    por no tener espacio suficiente para poder elegir cómo queremos vivir.
    Cuando estamos heridos perdemos la alegría de vivir y nos quedamos sin
    respuesta a la pregunta: ¿para qué estamos aquí?.Hay que auto
    observarse, estar atento al ego y a sus trampas y “pescarnos”, “darnos
    cuenta”, “despertar”, para tomar un poquito de distancia y así quitar los
    barrotes de prisión interna en las que nos vivimos a veces atrapados.
  2.  Aceptar los retos, la voluntad de la vida. Acoger lo que hay que no es
    muchas veces lo que nos gustaría ni cómo deberían ser las cosas.
    “Despertar” a la aceptación del presente que se nos presenta delante.
  3. Reconocer nuestros dones, asumirlos y ofrecerlos. Son préstamos que la
    vida nos regala. No los elegimos. La propuesta es acogerlos y ofrecerlos.
    No son los talentos, habilidades, destrezas, que varían según las
    personas. Son los dones que todos tenemos ya dentro y que andan
    dormidos a veces. A veces tanto, que cuando los nombremos parecerá
    que nosotros no los tenemos, que andan muertos cuando en realidad,
    sólo están dormidos.

 

DESPIERTA EL DON QUE HAY EN TI

Somos luz y sobre ella un pañuelo oscurece el brillo que es el yo
verdadero de cada persona. Es verdad que en algunas personas el pañuelo
es muy grueso y denso. Cuesta creer que esconde luz debajo. Su
enfermedad, su modo de vivir a la defensiva, su estilo de reacción, las
elecciones que hacen, el daño que realizan con sus acciones y su modo de
relacionarse, nos cuestiona si efectivamente detrás de esas capas, hay
bondad y belleza. En otras, en cambio, el pañuelo es más delgado y
transparente. Las personas trabajadas tienen menos capa e irradian más de
su luz interior. Todos, en cualquier caso, la tenemos cuando vivimos
centrados, desde lo mejor de nosotros mismos.
Pañuelo y luz son dos caras de la misma moneda, conviven en una misma
habitación. El interruptor que enciende y apaga cada uno de estos estados
es nuestra consciencia. Cuanto más conscientes somos de nosotros mismos,
más luz hay en nuestra vida. Y cuanta más luz, más paz interior y más
capacidad de comprender y aceptar los acontecimientos externos que
escapan a nuestro control.
Si nos observamos con sinceridad y sin juzgarnos, podemos despertar y
nuestra vida puede ser un maravilloso despliegue de belleza y dicha. Esta
es nuestra esencia, una chispa individual de lo divino.
No se trata de adquirir lo que no tenemos, sino de
despertar lo que ya somos. Vivir desde nuestra
esencia, desde nuestro centro, centrados.

 

ESTA SERIE DE ARTICULOS

Bajo el epígrafe común: “Despierta el don que hay en ti”, englobamos
una serie de artículos que tienen la intención de invitarnos a salir de ese
“oscurecimiento onírico” que nos impide darnos cuenta que estamos
dormidos. El trabajo inspira a mirar para adentro y a tomar responsabilidad
de distintos dones que ya tenemos y que muchas veces buscamos fuera
creyendo que a nosotros no nos tocó en el lote de la vida poderlos
experimentar.
Cada artículo, por eso, es una invitación a nacer de nuevo. A mirarnos
con otros ojos. No tanto a mirar lo que nos falta, lo que habría que mejorar,
a revisar nuestros fallos, sino a mirar todo lo que ya tenemos y somos.
Todo lo logrado. Reconocer que, junto a nuestras pasiones, tenemos
también virtudes que pertenecen a nuestra esencia y que están con
nosotros desde siempre, a veces, dormidas. Por eso hay que despertar.
Despertar lo que ya hay en nosotros. Solo basta reconocerlo.
La Biblia dice que Adán entró en un sueño profundo y en ningún lugar
dice nada respecto a su despertar. Así andamos nosotros muchas veces.
Enredados en relaciones interpersonales en las que nos falta comprensión,
con egos desbocados que necesitan un jinete que los oriente, arrastrados
por nuestra vida emocional, perdidos, agotados. A través de estos artículos,
a modo de proceso de crecimiento personal y más conciencia me gustaría
ofreceros esa otra verdad que también somos. Somos cizaña y también
trigo (Mt.13 24-30). Somos defecto y también don. A veces, quizá muchas,
vivimos descentrados (desde el ego), y también, quizá muchas más de las
que creemos y podemos reconocer, vivimos centrados (desde nuestra
esencia). A eso queremos dedicarle esta serie de artículos.
Dios nos hizo don y el contacto con los hombres nos fue colocando capas
encima. Así nos defendemos unos de otros y también así nos
desconectamos de nuestra verdad más honda. Recuperemos lo que somos.
El sabio sufí Rumi utiliza la metáfora de la casa como equivalente de la
falsa personalidad (ego), y los cimientos que quedan a la vista cuando es
derribada como la verdadera esencia de cada uno. Sin duda, la casa nos
protege, pero cuando lentamente se cae y experimentamos el dolor de su
destrucción descubrimos con sorpresa que en sus cimientos, en su vacío,
reside el tesoro de nuestro ser, siempre brillante, vibrante y alegre.

“Destruye tu casa y con el tesoro oculto debajo
construirás miles de casas”. Necesitamos destapar lo
enterrado para que salga lo mejor nuestro.

Todos tenemos dones. La clave es reconocerlos y no esconderlos. Esta
serie de artículosquieren ayudar a poner conciencia, autoobservación y
mirar con el corazón. Dhiravasamsa sostiene que para cultivar la virtud, hay
que empezar por reconocer que cada una de ellas no es extraña a nosotros.
Se manifiestan espontáneamente en los momentos mejores de nuestra
vida. Solo hay que permitir que ese estado emerja y alcance la mente
consciente. Son antídotos específicos contra las pasiones que también nos
configuran. Esto es despertar el don que hay en ti.
Se trata, por tanto, de despertar, de andar despiertos. El reto es cultivar
la comprensión y compasión con nosotros mismos. Tenemos que amarnos
mucho para reconocernos como realmente somos: Don.

 

UN RETO

Este formato escrito en serie es un reto para mí. Para vosotros. Un reto
que me ilusiona hacer a vuestro lado. Después de veinte años dedicándome
a acompañar procesos de personas y grupos en su crecimiento personal,
estoy convencido que cuando nos juntamos para crecer, la fuerza del grupo
impulsa y estimula más que los buenos propósitos individuales para hacer
los cambios que observamos como necesarios.
Te animo, lector, lectora, a que nos acompañemos unos y otros para
despertar el don que hay en nosotros. Me consta que la lectura de estos
artículos es mayoritariamente individual pero cuando un grupo de personas
lee un mismo contenido y puede contagiar a otros a su lectura y a su
aplicación, podemos generar entre nosotros una mirada renovada, distinta,
que es lo que con estos artículos a lo largo de esta serie pretendemos llevar
a cabo.

El contenido de estas líneas que ocupan estos artículos lo he ofrecido
intensivo durante dos años en un formato diferente. Durante diez días en
silencio junto a una religiosa del Sagrado Corazón, Dolores Aleixandre,
dentro de un marco global que llevamos doce veranos dando y que
titulamos: Días de Oración y Crecimiento Personal.
Cuando lo hemos dado así, en el formato intensivo: cinco días cada año
en silencio, los grupos que han participado, 60-80 cada año, reflejan que es
verdad que despiertan los dones pero expresan, con razón, que el contexto
en el que se lleva a cabo facilita que así sea. Luego, la realidad diaria, los
quehaceres y las relaciones interpersonales en las que andamos enredados,
apagan el despertar y volvemos con relativa facilidad a volver a caer en
patrones y hábitos que, por conocidos, aunque no nos sirvan, terminan
arrastrándonos y consumiendo nuestra alegría. Necesitamos acompañarnos,
recordarnos, animarnos unos a otros a que podemos vivir desde otro lugar,
con más vitalidad e ilusión.

Este formato, en este sentido, aunque sea menos intenso, por ser más
constante, creo que puede dar un fruto más permanente. Este año lo he
impartido en formato taller una tarde al mescon “tareas para casa” y ha
hecho que tengamos los dones más presentes en el día a día. Tenerlos por
escrito encima de la mesilla de noche ya es un recordatorio para estar
atentos a ellos. Es una alternativa más para no olvidar lo que somos.
Proverbio chino. “La salida es hacia dentro”

Como apuntaba al principio, los dones no son talentos, habilidades,
destrezas, que varían según las personas. Los dones son cualidades de
nuestra esencia, lo que, cuando estamos centrados reflejamos y que
desaparecen (se apagan, se duermen), precisamente cuando nuestra vida
lleva un ritmo o una dirección que no es la de nuestro crecimiento personal.
Estamos invitados a reflejar al menos un don en nuestra vida. Si viviéramos
centrados, ese don se transmitiría por nuestros poros, los demás verían en
nosotros algo que les haría también a ellos conectar con su esencia y
facilitar el despertar también en ellos de esas cualidades que pueden tener
también dormidas. Qué mejor regalo podemos ofrecer a nuestros hijos y
nuestro entorno familiar y laboral.
En el siguiente artículo presentaremos el primer don: la serenidad. Vivir
desde ella, con calma de fondo, nos hace leer lo que acontece cada día
desde un lugar diferente al que genera el estrés, la ansiedad y las prisas.
Ahondaremos en ella el próximo número. ¿Aceptas el reto?
Quien mira hacia fuera, sueña; quien mira hacia
dentro, DESPIERTA.
Preguntas para la Escuela de Padres-Madres

  • ¿Reconoces en ti cuándo estás centrado/a y cuándo andas con agobio,
    ansiedad y estrés? ¿Qué observas en ti y en los demás viviendo en un
    estado y en otro?
  • Observa a tus hijos y escribe rasgos positivos que ves en ellos. En lo que
    tienen que mejorar o hacer de otra manera, ya inviertes muchas horas.
    Dedícate ratos a reconocer lo que sí son y tienen ya.
  • Si eres capaz de reconocer lo que ya tienen y son y se lo comunicas,
    ¿qué consecuencias tiene en vuestra relación?.
  • Tareas:
    • Ponte una alarma por la mañana o por la tarde a una hora no
      habitual. Cuando suene, donde te pille, recuerda… DESPIERTA.
      En lo que estés, estate.
    • Escucha en algún momento durante estas semanas la canción:
      “Gracias a la vida” de Mercedes Sosa. Añade algún verso más
      de tu cosecha.

Con ganas de que llegue el siguiente número os invito estas semanas a
estar despiertos. Ahondaremos en el don de serenidad. Id rescatando
momentos de vuestra vida donde habéis conectado con ella.

Alfonso López-Fando Lavalle
Psicólogo. Psicoterapeuta.
Miembro titular de la AETG.
Gestalt Coach
alfandoclaves@gmail.com
www.clavesbadajoz.es

BIBLIOGRAFIA

  • ALMAAS, A.H. “Facetas de la unidad. El Eneagrama de las Ideas Santas”,
    ed. La liebre de marzo, Barcelona, 2002.
  • DE MELLO, A.: “Despertar. Peligros y oportunidades de la realidad”,ed.
    PPC. Colección Sauce. Madrid, 1997.
  • GARRIGA, J. “Vivir en el alma”, ed. RigdenInstitut Gestalt, Barcelona,
    2008.
  • MAITRI, S. “La dimensión espiritual. Eneagrama. Los nueve rostros del
    alma. Ed. La liebre de marzo, Barcelona, 2004.

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