1. Joel, 2,12-18. Rasgad vuestros corazones, no vuestras vestiduras.
  2. II Cor. 5,20-6,2. Reconciliaos con Dios: ahora es tiempo favorable.
  3. Mt. 61-6.15-18. Te Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.

 

Reflexión:

 

  • Con el rito de la ceniza iniciamos la Cuaresma, este camino hacia la Pascua, este tiempo especial de gracia y de conversión. Toda la Iglesia, todos nosotros, estamos invitados a ponernos en camino para celebrar y vivir la Pascua con un corazón renovado.
  • Es un tiempo de especial intensidad e interioridad que vale la pena aprovechar. Es un tiempo oportuno de gracia y de gratuidad de Dios que los cristianos dedicamos a un trabajo, sobre todo interior, para sensibilizar nuestro cuerpo y nuestro espíritu a la voluntad de Dios.
  • Los textos que hemos escuchado hoy nos invitan a la conversión, es decir, a centrarnos en lo esencial, a no quedarnos en lo puramente exterior: «rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos, y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso» (Joel 2, 13).
  • El evangelio de hoy nos señala tres elementos de este camino espiritual de apertura a Dios y a los hermanos: la oración, el ayuno y la limosna.
  • El primero de ellos es la oración. Orar es hacer silencio y escucharse interiormente, en una relación continuada, profunda y personal con Dios. En la fragilidad de nuestra vida podemos dirigirnos a Dios con la confianza de hijos y entrar en comunión con Él, sumergirnos en el mar inmenso de Dios, para gustar de su ternura.
  • El segundo elemento significativo es el ayuno. Ayunar es aceptar las propias limitaciones y errores, y aprender a depender de Dios, de su gracia y de su perdón. No es un ayuno formal sino el que libera y ayuda a superar las ataduras consumistas. Es el ayuno que ayuda a entrenar el corazón en lo esencial y en el compartir.
  • El tercer elemento es la limosna. Es compartir y dar lo que somos y de lo que tenemos. Nos habla de gratuidad: en la limosna se da a alguien de quien no se espera recibir algo a cambio.
  • En este camino no estamos solos. Dios es paciente, conoce el corazón frágil y doble del ser humano, y mediante nuevas ternuras y cariños se empeña, se propone despertar y sacar lo mejor que late en nuestro corazón. Por ello quiere hablarnos al corazón y seducirnos de nuevo, y nos ofrece este tiempo de gracia, este tiempo de salvación.

 

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