1. Hech. 9,26-31. El les contó cómo había visto al Señor en el camino.
  2. I Jn. 3,18-24. Este es su mandamiento: que creamos y que nos amemos.
  3. Jn. 15,1-8. El que permanece en mí da fruto abundante

 

>>Lectio divina<<

 

Reflexión:

 

  • Es el testamento espiritual de Jesús. Ante la nueva situación tras su desaparición y desde la experiencia que han vivido hasta aquí, les exhorta a permanecer unidos en el futuro y en fidelidad al proyecto que les ha vinculado en vida, a pesar de las dificultades. Recalcando lo esencial de su mensaje, hace la llamada al amor, esta vez de modo más insistente y personal. “Como mi Padre me ha amado, yo os amo, e igual que yo os he amado, amaos también los unos a los otros”.
  • Fiel a su lenguaje sencillo y plástico, Jesús emplea esta vez una imagen sacada de la vida agraria que todos pueden comprender; al fin, era parte de la experiencia cotidiana en Galilea.  En la sinagoga les habían inculcado que Israel era la viña del Señor y escuchaban con devoción el canto de Isaías: «Canto en nombre de mi amigo un canto de amor a mi viña…» (Is 5,1) Era una imagen para reforzar las señas de identidad como pueblo elegido.
  • Pero esta vez Jesús no les habla de viña, sino de la cepa, la “vid”. «Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador». En Jesús se concentra el verdadero Israel. «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos».
  • Permanecer. Permanecer es ser fiel. Si no se mantienen firmes en lo que han vivido y aprendido juntos, su vida será estéril. Si no viven de su Espíritu, lo iniciado se extinguirá. Hay que estar conectados, permanecer unidos a Cristo para seguir viviendo, sean cuales sean los inviernos, las pruebas y dificultades. No sólo les pide que permanezcan en él, les dice además que “sus palabras permanezcan en ellos”, que vivan de su evangelio. Permanecer es dejarse alimentar de su Palabra y de la fuerza que emana de su muerte.
  • Dar fruto. «El que permanece en mí como yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada». Él es la vid “verdadera” que produce buenos frutos. ¿De qué frutos habla, por tanto? «Por sus frutos los conoceréis». «No amemos de palabra ni de boca sino con obras y según la verdad»: el modo de amar de Jesús. Los frutos son para los otros
  • ¿Qué obras puedo decir que son fruto del Espíritu de Jesús, dignas de un seguidor de modo que quienes las ven puedan glorificar al Padre que está en los cielos?

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