1. Dt. 4,32-34.39-40. El Señor es el único Dios en el cielo y en la tierra.
  2. Rom. 8,14-17. Habéis recibido un Espíritu con el que decimos “Padre”
  3. Mt. 28,16-20. Bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del E.S.

 

>>Lectio divina<<

 

Reflexión:

  • La fiesta de hoy nos invita a pensar de forma nueva a nuestro Dios. Suspendamos por un momento todas las imágenes que tenemos de Él: juez, señor de los ejércitos, nube, buen pastor… e imaginemos las lecturas de hoy como un agujero al que se nos invita a asomarnos para ver cómo es Dios. Pues bien, lo que ese agujero nos muestra es que lo que hay al otro lado, en su intimidad, no es oscuridad o misterio impenetrable, sino una realidad que nunca podremos agotar, porque es sin medida… ¿De qué está hecho el ser de Dios?
  • Lo que siempre ha querido Dios es salir al encuentro del hombre, abriéndole paso en medio de todas las vicisitudes que la vida. Es un Dios loco por encontrarnos. Qué bien lo plasma el libro del Deuteronomio. No hay rastro en el mundo de otro Dios que haya salido a buscarse una nación para manifestarle su amor.
  • San Pablo da un salto cualitativo. Dios quiere que no pasemos un día más de nuestra vida sin darnos cuenta de que todo eso lo hace porque somos la niña de sus ojos, sus hijos. Y si somos hijos, al hijo ya no solo se le rodea de besos y favores, sino que se le hace partícipe de todo lo del Padre. Por eso dice San Pablo que somos «herederos». Pero aún más, si somos hijos, el sueño del Padre con los hijos no es que éstos sean buenecitos y le obedezcan en todo, sino que se parezcan a Él, que decidan libremente ser como Él. Por eso, el regalo más grande que hemos recibido de Dios es la libertad.
  • La invitación de Dios hoy es: «atrévete a ser como yo». Nuestro Dios es una comunidad, nuestro Dios es relación de personas. Por eso nos dice: ¡Atrévete a ser con otros! La meta del ser persona no es ser libre y autónomo para hacer lo que me da la gana, como el capitalismo nos vende, sino ser con otros… Ser yo siendo con otros, haciendo ser a otros.
  • Y así llegamos a la invitación del Evangelio: «id y haced discípulos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu». Dios quiere que vendamos y extendamos su forma de ser a los cuatro vientos, con nuestras palabras y sobre todo con nuestro testimonio. Creced y multiplicaos en esa dirección de ser con los otros, de echarnos una mano, de servirnos de ayuda, de vivir unos en función de otros. Creamos en ello, porque ahí se esconde la más profunda alegría que podemos experimentar.

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