1. Gén. 3,9-15. Ponto hostilidad entre tu descendencia y la de la mujer.
  2. II Cor. 4,13-5,1. Creemos y por eso hablamos
  3. Mc. 3,20-35. Satanás está perdido.

 

 

Reflexión:

  • Ser coherentes. Seguramente nos hemos encontrado con que algunas de nuestras reflexiones o decisiones son contestadas negativamente por amigos o por nuestra propia familia. Incluso se nos puede decir que hemos perdido el norte o que nos pasa algo extraño. Estas experiencias nos pueden ayudar a clarificar nuestras decisiones y nuestras actitudes. Descubrir si somos coherentes con lo que pensamos y creemos.
  • Decían que estaba fuera de sí. Esto es lo que algunos pensaban del comportamiento de Jesús: «que estaba fuera de sí». La predicación de Jesús no concordaba con la que era habitual entre los escribas, y por esto lo acusaban de «poseído». El mensaje de Jesús era nuevo, pedía un cambio profundo de mentalidad. Un Dios que es amor y no un conjunto de leyes y normas.
  • Hacer la voluntad de Dios. ¿Y cuál es la voluntad de Dios? Que las personas vivan, y encuentren en él la respuesta a su anhelo de felicidad. Sabiendo que Dios nunca te deja ni te abandona. Hacer la voluntad de Dios quiere decir escuchar lo que él quiere para nuestro bien y para el bien de los demás.
  • Seguir el estilo de vida de Jesús.  ¿Cuál es la verdadera familia según Jesús? Los que de una manera incondicional siguen su estilo de vida, sin miedos, sin excusas, sin esperar que les aplaudan o les agradezcan lo que hacen desinteresadamente.
  • Sabemos en quien hemos confiado. Hacer la voluntad de Dios comporta a menudo la soledad. Jesús es consciente de que, por cumplir la voluntad del Padre, se quedará solo. Incluso se sentirá abandonado por sus amigos más fieles. Y tanto más importantes son las decisiones, más soledad comportan. También Pablo vive esta experiencia y sabe en quién confía: «por eso, no nos acobardamos»… porque tenemos una fuerza que viene de Jesús y nos vamos «renovando día a día».
  • La casa común del planeta. Dios pregunta a Adán: « ¿Dónde estás?». En la humanidad resuena aún esta pregunta: ¿dónde estás? Y en cada uno de nosotros. Se rompió la amistad con Dios. Jesús ha construido los puentes para rehacer los lazos familiares con él. Nuestra respuesta debería ser hoy: estoy aquí, Señor, para ser instrumento de tu paz, de tu amor, de tu reconciliación. Estoy aquí para hacer tu voluntad.

Related Post