1. Ez. 17,22-24. Yo exalto al árbol humilde.
  2. II Cor. 5,6-10. En destierro o en patria nos esforzaremos en agradar al Señor
  3. Mc. 4,26-34. Es la semilla más pequeña y se hace la más alta

Reflexión:

  • La primera lectura del profeta Ezequiel y el evangelio de San Marcos, nos hablan hoy de árboles, de plantas, de semillas, de ramas, de cosechas, de frutos. «El Reino de Dios se parece a…» San Mateo utiliza la expresión Reino de los Cielos, y esto, a veces, nos lleva a confusión. Confundimos el Reino con el Cielo, y pensamos que es algo del más allá, del futuro, de después de la muerte. Jesús, en la única oración que nos enseña, nos dice que lo que tenemos que pedir es que “venga a nosotros tu Reino”. No que vayamos, que lleguemos, que consigamos, que nos ganemos, sino que venga a nosotros, aquí y ahora. Que el Rey y Señor con mayúscula sea Jesucristo, sus valores, su manera de ser y actuar, su manera de querer y perdonar, su manera de darse y entregarse. Cuando nuestro mundo sea así, podremos decir que el Reino de Dios ha llegado a su plenitud.
  • Pero hasta que esto suceda, el crecimiento es lento, va poco a poco. Es como el grano de mostaza, que es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas, y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas. Conforme va creciendo el Reino de Dios, encuentran cobijo los que antes, en otros reinos dominantes, estaban desamparados, solos, tristes, a la intemperie.
  • Su campo es el mundo, es la vida de cada uno de nosotros que la hemos recibido en el bautismo. Podemos decir que la semilla es Él mismo, que se ha plantado, ha nacido, ha vivido en nuestro mundo. Y esa semilla ha ido hasta nosotros. Todavía tiene que crecer más, hay que seguir regando y cuidando esta semilla, por medio de los sacramentos, la oración, Que seamos una tierra buena, que no nos conformemos con dar el 10 o el 30 por ciento, sino el cien por cien.
  • Nos vamos a encontrar con una dificultad, de la que nos habla Jesús en otra parábola, y es la cizaña. El bien y el mal presentes en nuestra vida y en nuestro mundo. Y tenemos que saber distinguir. Como nos dice San Pablo «aborreced lo malo y apegaos a lo bueno».
  • Ezequiel nos habla de árboles altos y de una rama tierna, por tanto, pequeña, que el Señor Dios plantará en un monte elevado. Nos está hablando de Jesús, una rama tierna: no hay más que contemplarle recién nacido en Belén. Nuestra dificultad, una vez más, es que queremos ser árboles altos y no rama tierna. El camino del Señor, el camino del Reino, es lo sencillo, lo pequeño, lo humilde, porque eso es la rama tierna que da fruto. Ya María nos lo dice en su canto: «Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes».

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