1. Sab. 1,13-15; 2,23-24. La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo.
  2. II Cor. 8,7.9.13-15. Vuestra abundancia remedia la falta que tienen los hermanos pobres.
  3. Mc. 5,21-43. Contigo hablo, niña, levántate.

 

Reflexión:

  • Sobre el fondo de la vida de los dos grandes profetas Elías y Eliseo el evangelista nos transmite la revelación de Jesús. Aquellos dos profetas realizaron cada uno el milagro de resucitar aun muerto. Jesús recoge  supera la actuación de los profetas, para llevar a término el proyecto salvador de Dios: Jesús vencedor de la muerte y testigo del amor del Padre.
  • Este evangelio nos presenta dos casos de extrema necesidad. La muerte había entrado en casa del jefe de la sinagoga para llevarse consigo a su hija de doce años. Doce años llevaba también una mujer enferma padeciendo y gastando con médicos inútilmente. La salvación que Jesús regala ambas va precedida de una admirable fe. En ambos casos Jesús es muy complaciente, acude sin hacerse rogar y transmite con abundancia la vida que rebosa en su interior.
  • Cuando dios da, no es escaso. La libertad de Jesús rompe y supera las estrecheces de la ley de Moisés, que no permitía el contacto alguno con aquella mujer enferma. No sólo se deja tocar, sino que deja fluir instantáneamente la salud por sólo un leve contacto con la punta de su manto.
  • Para que experimentemos la salvación abundante que Je´sus resucitado `puede darnos, necesitamos tener la misma confianza en él que tuvieron esos testigos de su bondad. Las situaciones extremas ayudan a buscar en Dios la salvación que los humanos no pueden dar. El dolor, la angustia, la enfermedad, la muerte y tanto otros momentos importantes de la vida, son una ocasión para experimentar que “Dios me escuchó, y atendió mi voz suplicante”(salmo,5,9)

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