1. II R. 4,42-44: El profeta Eliseo renuncia a lo que le pertenece para que la gente pueda comer.
  2. Ef. 4,1-6: Desde al cárcel pide a los cristianos que se comporten como tales en todas las circunstancias.
  3. Jn.6,1-15:Cuando la Palabra de Dios anida en nosotros, la solidaridad se convierte en un compartir que sacia cuerpos y almas. Jesús alimentando al nuevo pueblo de Dos. “Doce canastas”, Nuevo Israel, nuevo “maná”.

 

Reflexión:

  • Había mucha gente. Hoy también somos bastantes los que aquí  escuchamos al Señor. La gente tenía hambre.  No andaban hartos como en las sociedades opulentas. También hoy hay multitudes hambrientas: África, América, India, incluso en los suburbios de nuestras ciudades donde podemos encontrar personas que buscan comida en las basuras.
  • Jesús quiere que todos coman. ¿Con qué compraremos panes para todos? Esta es la pregunta que también nos formulamos hoy al ver a tanta gente que muere de hambre. Jesús no se cruza de brazos. Invita a los discípulos –por tanto, también a nosotros- a trabajar para quitar el hambre de la multitud.
  • Uno de los apóstoles afirma. ¿Acaso podemos hacer algo nosotros para calmar el hambre de tantos? Si casi no tenemos ni para nosotros mismos. Insinúan: “¡que cada cual se espabile!”. Y nos excusamos diciendo: “¡Vete a saber si las ayudas llegan a su destino!”. Pero entre la multitud aparece un niño que iba bien provisto. Para él tenía suficiente. Y se los entregó a Jesús para que los repartiera. También hoy día hay muchas personas que dan a la gente, incluso los hay que se dan así mismos.
  • Y llega lo más precioso: Jesús toma los panes en sus manos. Dice la acción de gracias y empieza  repartir. En nuestro mundo hay gente que reparte y hay gente que ora. Ser cristianos es hacer las dos cosas. El pan repartido es sencillo, pan de cebada, comida de pobres. Nuestra tierra produce lo suficiente para que haya para todos. Repartir el pan y el trabajo. “Si nos repartimos el pan espiritual, por qué no nos repartimos el pan material” (S. Agustín). Cuando falta la fraternidad sobre la Eucaristía. Cuando se comparte siempre sobra. ¿hay algo más injusto e inhumano que nuestra indiferencia?

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