1. Dt. 4,1-2.6-8. No añadáis nada…observaréis los preceptos del Señor.
  2. Sant. 1,16.1821-22.27. Poned en práctica la palabra.
  3. Mc. 7,1-8.14-15.21-23. Dejáis a un lado el mandamiento del Señor.

 

 

Reflexión:

 

  • En el Evangelio de Marcos que hoy nos propone la Iglesia, Jesús nos sitúa en un camino sin retorno para comprender la voluntad de Dios: es el egoísmo y la conducta injusta con los demás lo que mancha el corazón del hombre y lo aparta de Dios.
  • No es la observancia de las tradiciones que los hombres de religión han inventado o los gestos de limpieza religiosa lo que nos salva ante Dios, sino la relación de amor y respeto entre los hombres.
  • Los fariseos y los letrados le reprochan a Jesús que sus discípulos no guardan las normas de pureza ritual que la tradición de sus mayores enseña. Y la tradición de sus mayores tiene fuerza de ley, como la Escritura.
  • Pero Jesús se revuelve contra ese uso de la tradición de los mayores, en falso. Jesús les reprocha una manipulación de la religión y la ley, a favor de sus intereses de poder y privilegio, y les reclama mirar a su corazón. ¿Qué hay en tu corazón, en nuestro corazón, en relación a los demás y el respeto del bien? ¿Sinceridad, pureza de miras, solidaridad?
  • Nada malo puede salir de esa alma. Por el contrario, ¿hay envidia, rencor, egoísmo, altanería? Nada bueno puede salir de esa alma, sin conversión. Ningún rito religioso de purificación puede sustituir al mandamiento de caridad.
  • La conversión, en aquel egoísmo que domina en nuestro corazón, ese es el camino de la ley de Dios. Y Jesús se identifica con Isaías, «… su corazón está lejos de mí, dice Yahvé; su culto es inútil, porque enseñan tradiciones humanas». Cuando nos aferramos ciegamente a las tradiciones humanas, corremos el riesgo de olvidar el mandato del amor y desviarnos del seguimiento a Jesús

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