Domingo 25 de agosto de 2019 – XXIº del T.O. – No todo vale

Puerta estrecha
Puerta estrecha
  1. Is. 66,18-21. De todas las naciones traerán todos vuestros hermanos.
  2. Hbr. 12,5-7.11-13. El Señor reprende a los que ama.
  3. Lc.13,22-30. Vendrán de oriente y occidente y se sentarán a la mesa del reino de Dios

 

Hoja litúrgica

La sabiduría  de preguntarnos

 

  • La palabra “salvación” indica que existe una situación de peligro. Y, si miramos la realidad de nuestro mundo, así como su trayectoria histórica, pasada, presente y futura, no sólo estamos “en peligro” sino que realmente vivimos “enfangados” en el peligro y el mal real, visible y palpable: pobreza, injusticia, enfermedad, muerte, incomprensión, desamor, amenaza nuclear, violencia, intolerancia… De todo eso necesitamos ser salvados
  • La “salvación” no es únicamente “ir al cielo” tras la muerte. Es algo más. Necesitamos ser salvados aquí y ahora y de estos males concretos que nos acucian y nos impiden ser felices. Necesitamos vivir ya aquí una vida plena e integral, que abarca las necesidades espirituales y los materiales, tanto individuales como colectivas y universales, porque, en definitiva, nadie se salva solo. 
  • ¿Serán pocos o muchos los que se salven? Jesús no da respuesta directa a esta pregunta. No le interesan las especulaciones. Jesús va al grano y nos previene de una pretendida felicidad –salvación- sin dolor, sin esfuerzo, sin frustración ¿Serán muchos o pocos los que se salven? Serán los que consigan, a base de esfuerzo y confianza en Dios, humanizarse a sí mismos y humanizar a los demás. 
  • Sólo los “humanos” se salvarán. No los que se hayan cultivado culturalmente, ni los que se sepan de memoria el evangelio, los dogmas y las oraciones de la Iglesia; ni los fieles cumplidores del deber; ni los que están bien situados socialmente; ni los que no hacen mal a nadie, pero tampoco bien; ni los bienpensantes… Todos estos son los que dicen: “¡Señor, ábrenos!” Pero no podrán entrar porque, como dice una canción de Luis Guitarra, “todos somos transparentes” y no podemos disimular la superficialidad humana de la vida: “sepulcros blanqueados”, los llama Jesús. 
  • En el Reino sólo caben los de la vía estrecha de la transformación personal. Los que se han humanizado, poco a poco, transformándose a sí mismos. Porque la salvación nace dentro de nosotros como regalo de Dios, que nos la da con la misma vida, pero hay que hacerla crecer desde dentro y convertirla en obras de humanidad.