Domingo 2 de febrero de 2020 – IVº del T.O. – Sí, queremos ser felices

  1. Sof.  2,3; 3,12-13. Buscad al señor los humildes de la tierra
  2. I Co. 1,26-31. El que se gloríe, que se gloríe en el Señor.
  3. Mt. 5,1-12. Bienaventurados los pobres en el espíritu.

 

Hoja litúrgica

Una nueva vida en Cristo

 

Reflexión:

  • Dios no es insensible al sufrimiento de los hombres. Dios no es apático. Dios «sufre donde sufre el amor» (J. Moltmann). Por eso, el futuro proyectado y querido por Dios pertenece a esos hombres que sufren porque apenas hay un lugar para ellos ni en la sociedad ni en el corazón de los hermanos.
  • Son bastantes los pensadores que creen observar un aumento creciente de la apatía en la sociedad moderna. Parece estar creciendo la incapacidad de hombre para percibir el sufrimiento ajeno. Apatía significa «no-sufrir», incapacidad para sufrir. Es la actitud del hombre ciego que ya no percibe el dolor. El embotamiento de quien permanece insensible ante el sufrimiento. De mil maneras vamos evitando la relación y el contacto con los que sufren. Levantamos muros que nos separan de la experiencia y la realidad del sufrimiento ajeno.
  • Uno intenta mantenerse lo más lejos posible del dolor, sin ser tocado ni afectado por el sufrimiento de los demás. Se preocupa sólo de sus asuntos, vive «asépticamente» en su mundo privado, después de colocar el correspondiente: “No molestar”.
  • Y la organización de la vida moderna parece ayudar a encubrir la miseria y soledad de las gentes, y a ocultar el sufrimiento hondo de las personas. Raramente experimentamos de forma sensible e inmediata el sufrimiento y la muerte de los otros. No es frecuente encontrarse de cerca con el rostro perdido de un hombre marginado. No tocamos la soledad y la desesperación del que vive junto a nosotros.
  • Hemos reducido los problemas humanos a números y datos. Contemplamos el sufrimiento ajeno de forma indirecta, a través de la pantalla televisiva. Corremos cada uno a nuestras ocupaciones sin tiempo para detenernos ante quien sufre.
  • En medio de esta apatía social, se hace todavía más significativa la fe cristiana en un «Dios amigo de los pobres», un Dios crucificado, que ha querido sufrir junto a los abandonados de este mundo.
  • «Podemos cambiar las condiciones sociales bajo las cuales sufren los hombres… Pero, en todos esos caminos tropezamos con fronteras que no se dejan traspasar. El único medio de traspasar estas fronteras consiste en compartir el dolor con los que sufren, no dejarlos solos y hacer más fuerte su grito» (D. Sölle).
  • Hoy fiesta de la Presentación del Señor. Y día de la vida consagrada al Señor.