Domingo 26 de abril de 2020 – IIIº Domingo de Pascua – Se les abrieron los ojos

  1. Hch.  2,14.22-33. No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio.
  2. 1Pe 1,17-21. Fuisteis liberados con una sangre preciosa, como la de un cordero sin mancha, Cristo.
  3. Lucas 24,13-35. Lo reconocieron al partir el pan.

 

Hoja litúrgica

La fiesta del encuentro en… el pan y el vino compartidos

 

Reflexión

  • La eucaristía no es sólo el centro de la liturgia cristiana. Es, además y por eso mismo, la experiencia que, vivida domingo tras domingo, puede alimentar las grandes actitudes que configuran la vida de un cristiano. El que come y bebe en esa cena, alimenta su vida de discípulo fiel de Cristo.
  • En primer lugar, la eucaristía es acción de gracias a Dios por la vida y por la salvación que nos ofrece en su Hijo Jesucristo. Las palabras de acción de gracias, la estructura de todo el conjunto, el tono de toda la celebración contribuye a vivir una experiencia intensa de alabanza y agradecimiento a Dios que no debe reducirse a ese momento cultual. La vida cotidiana de un cristiano ha de estar marcada por la acción de gracias. La eucaristía es, además, comunión con Cristo resucitado. Jesús no es una figura del pasado, alguien cada vez más lejano en el tiempo, sino el Señor de todos los tiempos que permanece vivo entre los suyos. No somos seguidores de un gran líder del pasado. La eucaristía nos enseña a vivir en comunión con un Cristo actual, acogiendo realmente hoy su espíritu y fuerza renovadora.
  • La eucaristía es también escucha de las palabras de Jesús que son «espíritu y vida». Para un discípulo de Cristo, el evangelio no es un mero testamento literario o un texto fundacional. En la eucaristía nos reunimos para escuchar la palabra viva de Jesús que ilumina nuestra experiencia humana de hoy. Esa acción dominical nos invita a no vivir como ciegos, sin evangelio ni luz alguna. El cristiano vive alimentado por la Palabra de Jesús.
  • La eucaristía es un acto comunitario por excelencia. Todos los domingos, los cristianos dejan sus hogares, se reúnen en una iglesia y forman comunidad visible de seguidores de Jesús. Todas las oraciones de la eucaristía se dicen en plural: invocamos, pedimos perdón, ofrecemos, damos gracias… siempre juntos. Los textos dicen que somos «familia», «pueblo» «Iglesia». No se nos debería olvidar. Los cristianos no somos individuos aislados que, cada uno por su cuenta, tratan de vivir el evangelio. Formamos una comunidad que quiere ser en el mundo testimonio e invitación a vivir de manera fraterna y solidaria.
  • La cena de Jesús resucitado con sus discípulos en la aldea de Emaús es una invitación a reavivar nuestras eucaristías dominicales.