Domingo 24 de mayo de 2020 – Ascensión del Señor – Para que seáis mis testigos

  1. Hech.1,1-11. A la vista de ellos, fue elevado al cielo.
  2. Ef. 1,17-23. Lo sentó a su derecha en el cielo.
  3. Mt. 28,16-20. Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.

 

Hoja litúrgica

La ascensión del Señor

 

Reflexión:

  • Hay dos hechos que todos podemos comprobar cada uno a nuestra manera. Por una parte, está creciendo en la sociedad moderna la expectativa y el deseo de un futuro mejor. No nos contentamos con cualquier cosa. Queremos algo diferente. El mundo debería ser más digno, más justo, más humano y feliz para todos.
  • Al mismo tiempo, está creciendo el desencanto, el escepticismo y hasta el miedo ante el futuro. Vamos viendo a lo largo de la vida tantos sufrimientos absurdos en las personas y en los pueblos, tanta injusticia y abuso, tantas guerras y miserias que no es fácil mantener la esperanza.
  • El ser humano ha logrado resolver muchos males y sufrimientos valiéndose de la ciencia y de la técnica. En el futuro logrará éxitos todavía más espectaculares. Aún no somos capaces de intuir la capacidad que se encierra en la mente humana para desarrollar el bienestar físico, psíquico y social.
  • Sin embargo, este desarrollo nos va «salvando» sólo de algunos males y de manera muy limitada. Ahora que disfrutamos más de los avances de la ciencia, empezamos a ver con más claridad que el ser humano no puede darse a sí mismo todo lo que anda buscando. Hay cosas que nunca logrará resolver la técnica, y los científicos lo saben mejor que nadie: tener que envejecer, no poder escapar de la muerte, el poder extraño del mal. La historia es muy obstinada y sigue generando una y otra vez sufrimiento, intolerancia, guerras y muerte.
  • Hay personas que siguen preguntándose por «El sentido de la fe hoy», manifestando que el hombre actual no necesita ya de ningún Dios «salvador». Otros dicen que hablar de la «salvación de Dios», además de falso y anacrónico, es hoy una ideología ofensiva para el hombre moderno.
  • Comprendo estas posiciones, pero no me pueden convencer. Son muchos los que reclaman «algo» que no es técnica, ni ciencia, ni doctrina ideológica. Algo o alguien donde poder poner su esperanza última. El cristiano puede vivir lleno de dudas e incertidumbres, pero vislumbra dónde está la salvación final. Es lo que hoy nos recuerda la fiesta de la Ascensión de Jesús a la vida eterna del Padre. Y este debe ser nuestro testimonio donde quiera que estemos.