Domingo 3 de enero de 2021 – II de Navidad – La PALABRA es la clave

  1. Eclo. 24,1-4.12-16. La Sabiduría es creatura de Dios.
  2. Ef. 1,3-6.15-18. El nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo,
  3. Jn. 1,1-18. La Sabiduría se hace carne en Jesús

Hoja litúrgica

La luz de los abrazos

Reflexión

  • En un proceso tan inmenso en el tiempo (13.800 millones de años), como en su complejidad, la materia ha llegado a tomar conciencia del entorno y de sí misma en este ser que somos los humanos y que nos ha conducido a esta maravilla mental de conocer, admirar, preguntar, buscar y sentir. Lo mismo nos despierta la atracción por la belleza como nos provoca angustia al ser conscientes de no poder realizar nuestros anhelos. La mayor angustia es la experiencia de vernos retornar a las dimensiones iniciales del humus del que estamos hechos. 
  • ¿Solo dar vueltas y girar para volver a empezar en un indefinido retorno sin proyecto de nada? ¿No es, más bien, toda la realidad una inmensa e implícita promesa de algo, cuya semilla está inoculada en lo más profundo de su estructura esencial dándole soporte, sentido y futuro?
  • Esta reflexión está implícita en las lecturas de hoy. Para la Biblia, la realidad no es explicable ni comprensible sin la Palabra, es decir, sin una comprensión de toda ella dentro de un sentido de proyecto. La Palabra, el Logos, el matiz esencial del mundo, de la vida y la humanidad, está preñado de razón, dirección y futuro. Dentro de él, ya desde el inicio, hay una Palabra que forma parte del cosmos y le hace ser, dirigirse, buscar y acercarse a lo que sería la realización de la promesa. Pero es siempre una Palabra encarnada en signos, hechos y otras palabras que es necesario escuchar y «comprender». No porque sean mágicas o en clave de iniciados, al contrario, porque son palabras tan naturales y sencillas que no parecen necesitar soporte iniciático para descifrarlas. Todo el mundo puede escucharlas y entenderlas si presta atención. 
  • Al final, esa Palabra se hace tan humana, cercana y comprensible, que ella misma adquiere las dimensiones materiales de humanidad añadiendo la dimensión pasional, tan propia de los humanos cuando nos entusiasmamos con algo o alguien. Y esa Palabra encarnada en Jesús la llamamos CRISTO que expresa nuestro convencimiento de que es la Palabra que siempre ha estado actuando, de un modo muy sutil (=encarnado) y en la que podemos descubrir nuestro sentido y futuro, por lo tanto, nuestra esperanza.